Tu otra sombra T03xP050

29/01/2016

El programa Tu otra sombra de esta semana os trae el siguiente contenido:
* Relato de Terror: "Mammatus. Las tristes e hirientes lágrimas de Dios", escrito por José Manuel Durán. Os narro esta tenebrosa historia.
* Caballeros del Círculo Dorado. ¿Quiénes son?. Dentro de las teorías conspirativas existen grupos secretos y discretos de los que se conocen muy pocos datos. Durante la Guerra de la Independencia en EE.UU. surgió uno con el nombre de los Caballeros del Círculo Dorado. Esta noche conoceremos la historia de estos misteriosos personajes de la mano de Antonio Rodríguez González.
* Cuaderno de Investigación: Casos contados por vosotros, donde lo extraño entra a formar parte de la experiencia.
* Los chemtrails. De la mano de J.L., de mundodesconocido nos llegan las incógnitas que encierran estas enigmáticas estelas que dejan algunos aviones en nuestros cielos.
* Cuando miro a las estrellas... Mi reflexión sobre:  "Teorías de la conspiración".
Podéis descargarlo en Ivoox, o escuchar todos los programas en la Sección Tu otra sombra


Teorías de la conspiración

Creo que el programa de hoy ha tenido mucho de conspirativo, y no sólo por los temas que hemos expuesto, sino porque cada persona se ha vinculado de una manera muy especial para desenmarañar información de difícil acceso. Es muy llamativo hablar sobre temas intrigantes donde una trama de no se sabe dónde ni quién deja siempre en duda al buscador de respuestas. Para el público en general es más fácil emitir una creencia: te lo crees, o no te lo crees. Así de sencillo. No es fácil, y lo digo por experiencia, buscar ciertas cosas. No sé muy bien hasta dónde pueden llegar algunos intereses económicos, políticos o industriales, pero me he encontrado en multitud de ocasiones con callejones sin salida, y no por mí, sino porque el sistema, las normas, las leyes y quizá algo más nos paran los pies. Cuando escuchamos ese dicho de “la información es poder” debo pensar que viendo la teoría y la práctica de mi personal experiencia, hay una gran parte de verdad. Pero las cosas parecen ir mucho más lejos, mucho más allá conforme queremos desvelar algún asunto del que se conoce poco o no se quiere que se conozca. Mientras existan documentos, bibliografías y testigos, podemos realizar un trabajo histórico y detallado de ello. Pero siempre, siempre existirá una parte que no está escrita, que nunca se ha contado, o que incluso se ha ocultado, pero que condiciona muchas de las decisiones que se toman en esas otras esferas de trabajo a las que le gente de a pie no tenemos acceso. De momento hablamos de personas. Y hay temas que parecen ir un escalón más allá incluso de lo que podemos imaginar. El secuestro o abducción por parte de seres presumiblemente extraterrestre es otro asunto que se pierde en divagaciones y papeleos, mientras que la realidad puede ser incluso más cercana pero a la vez más increíble. Recuerdo que hace un tiempo me encontraba realizando una investigación sobre implantes extraterrestres, y llegó hasta mí una mujer que quería contarme su caso, su experiencia, y su trauma. En realidad no tenía nada que ver con extraterrestres, pero sí con implantes colocados sin consentimiento entre militares y civiles de una base militar. No os voy a contar las peripecias que tuve que realizar para que esa mujer que había escapado y se encontraba escondida me hiciera llegar los papeles médicos, las radiografías y otra información con nombres y datos comprometedores. Como si se tratara de una película, me las ingenié –por supuesto con ayuda- para que se entrevistaran con ella en otra ciudad muy distante a la mía. Pude obtener parte de la información. Charlé con ella en distintos números de teléfonos –pues los cambiaba semanalmente- y por correo electrónico. Hasta que poco después me dijo que la habían seguido y se encontraba muy asustada. Le busqué un lugar donde poder vivir un tiempo, pero desapareció… No volví a saber de ella, pero intuí –si su historia era cierta- que no permitirían que los originales cayeran en manos de nadie, más aún tratándose de un experimento militar en fase de desarrollo con micro implantes. Teoría de la conspiración, pudiera ser. Lo cierto es que no ha sido la primera vez, y el suma y sigue me indica que hay una verdad muy importante para alguien, y que seguirá siendo un secreto mientras existan ciertos intereses.
Una reflexión de Fernando García

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MAMMATUS
“Las Tristes e Hirientes  Lágrimas de Dios”

Si alguien tiene la suerte de leer estas líneas y ha sobrevivido a la furia que   el cielo desencadenó, nos gustaría que recordara la fecha del 22  de Noviembre de 2014  como el día en que la Humanidad se enfrentó prácticamente a su absoluta exterminación.

Ocurrió temprano, a primeras horas de la mañana,  cuando el cielo adquirió un aspecto especialmente extraño. Había sido una noche calurosa, impropia para la época en la que estábamos. La atmósfera se había secado de forma singular, como si se hubiera cargado de una angustiosa electricidad. Un  molesto olor a humedad se extendió a lo largo y ancho del planeta. En un principio pensamos que el insólito fenómeno se había producido únicamente  en nuestra parte del mundo, el lugar en el que vivíamos, pero a las pocas horas los medios de comunicación informaron de la misma situación en cada rincón de  la Tierra, sin excepciones.

La inesperada situación nos parecía bastante curiosa y al principio resultaba fascinante. El cielo había adoptado una forma inquietante, como si se hubiera cubierto de una masa gelatinosa, un manto compacto de algodón. Varias nubes impresionantes y de un sucio color gris se asomaron bajo esa misteriosa superficie  y lo que nos llamó poderosamente  la atención era la forma de las mismas. Parecían huevos colgados de un techo especialmente espeluznante. Aquél techo era el propio cielo y aquellos huevos una formación de nubes compactas que impresionaban en un primer momento y estremecían a medida que las observabas porque nunca, jamás, habíamos contemplando nada parecido.

El cielo estaba repleto de esas burbujas redondeadas, como gotas de lluvia gigantescas, como apenadas lágrimas de Dios que no llegaban a desprenderse de sus mejillas. Muchos lo hablamos y llegamos a la misma conclusión: El cielo parecía estar forrado de una especie de panel, como  en una colmena,  donde las nubes grises, de cierto tono azulado, formaban numerosos puntos hinchados que cubrían el cielo hasta perderse en la lejanía del horizonte. Mirases donde mirases allí estaban esos huevos suspendidos, esos globos flotantes,  hasta donde abarcaba la vista.

En cierto modo era un espectáculo hermoso y fascinante, una novedad para todos los que estábamos allí e imaginamos que los habitantes del resto del mundo  experimentaban algo semejante.  Supimos más tarde que en el mismo momento en que nosotros estábamos contemplando el fenómeno, varios meteorólogos repartidos en informativos de medio mundo trataban de restar importancia a la situación aduciendo que aunque rara vez las nubes adquirían esas caprichosas formas no resultaba ninguna novedad y mucho menos un problema.

¡Imbéciles! No tenían ni puta idea de lo que estaba ocurriendo y, peor aún, de lo que estaba a punto de suceder, de lo que significaba la presencia de aquellas cosas. Ninguno de ellos se dio cuenta (o al menos ni uno solo de esos idiotas lo mencionó). El cielo estaba plagado de  extrañísimas nubes, de esos huevos que flotaban en el cielo, como si estuvieran a punto de desprenderse en cualquier momento  y estrellarse sobre nuestras cabezas. No había ni una sola zona despejada en todo el mundo, ni un solo tramo de cielo  que no mostrara tan temible aspecto por lo que todas esas tonterías de la temperatura, la humedad y posibles tormentas y tornados no valían más que para limpiarse el culo con ellas. Y decían que era algo normal, ¡¡Por favor!!

Tras la sorpresa del primer momento, poco a poco fue cundiendo el pánico, sobre todo cuando la tonalidad grisácea del cielo y de las asombrosas nubes varió paulatinamente hasta convertirse en una masa amarillenta donde destacaban esas bolas, esferas o como quieras denominarlas. Nosotros siempre nos referimos a ellas como huevos.

La gente optó por encerrarse en sus casas, al menos la mayoría, aunque no podían evitar asomarse por la ventana para seguir contemplando el fenómeno. De algún modo, el espectáculo que presentaba el cielo nos tenía atrapados, como si despertara en todos nosotros una inquietante fascinación aunque supiéramos, cada uno en su propio interior, que no traería nada bueno. 

Si esto nos parecía estremecedor mucho más inquietante era comprobar gracias a la Televisión que el cielo de todo el mundo, de absolutamente todo el mundo, tenía ese mismo aspecto. Las imágenes que se podían ver en los informativos eran espeluznantes y pavorosas. Daban miedo y muchas personas poco a poco fueron bajando  las persianas de sus hogares para no seguir siendo testigos de tamaña visión. 

Quienes tenían sótano en ellos se encerraron, quizá porque en el fondo de sus conciencias algo les decía que la tragedia estaba a punto de desencadenarse. Otros, muchos, quizá miles, se refugiaron en las iglesias como si sus rezos y oraciones pudieran secar lo que muchos consideraron las tristes lágrimas de Dios, que no tardarían en convertirse en hirientes y exterminadoras. Para nosotros, como os he dicho,  eran huevos y como huevos se quedaron. 

Permanecimos  durante algún tiempo más en mitad de la calle. Ningún coche circulaba por la carretera. Las autopistas estaban llenas de vehículos inmóviles y sus ocupantes se encontraban fuera mirando hacia el cielo, algunos de ellos con prismáticos y no sabemos con certeza si ellos pudieron apreciar  más detalles de los que nosotros contemplábamos  a simple vista.

Pudimos  comprobar, y lo comentamos  con las personas que estaban a nuestro alrededor,  que el ambiente se había secado aún más  pese al fuerte y pestilente  olor a humedad que nos llegaba desde arriba. Pensamos que en cualquier momento  esas extrañas nubes dejarían paso a una lluvia torrencial porque daba la impresión de que estaban reteniendo agua, como si fueran bolsas que se iban llenando poco a poco, globos hinchados de aire que rebosarían agua en cuestión de minutos. Lejos de convertirse en masas flotantes, oscuras y amenazantes, que pudieran anunciar tormenta, la tonalidad amarillenta del cielo fue creciendo y pensamos que el sol trataba de hacerse un hueco a través de la masa opaca que cubría el cielo mientras esos huevos mantenían un color blanco como la nieve. Pero no llovió y el aire que nos rodeaba cada vez era más denso y asfixiante, dando la impresión de que el oxígeno que respirábamos se iba consumiendo poco a poco. ¿Y si aquella especie de huevos nos estaban robando nuestra necesidad para respirar? Los pensamientos que estábamos teniendo no eran nada halagüeños pero la situación no parecía arrojar  ni un ápice de esperanza.

Ni la más leve brisa corría a nuestro alrededor y descubrimos algunos rostros cercanos que comenzaban a mostrar expresiones de preocupación, probablemente incluso los nuestros.

Y poco después, casi de forma inesperada, el cielo dejó de estar amarillo para convertirse en una masa rojiza incandescente donde las nubes de bola destacaban por adquirir una tonalidad marmórea y brillante, lo que les daba un aspecto de huevo mucho más real. En la Televisión, según supimos después, comenzaron a recomendar que la gente se encerrara en sus casas hasta nuevo aviso, aunque no arrojaron mucha más información.  El miedo se había instalado en el corazón de todos y cada uno de los humanos y jamás olvidaremos el rostro de espanto, horror y preocupación que vimos en Susana Griso y Alfonso Egea, que se mantuvieron al frente de “Espejo Público” hasta el momento en que la conexión se interrumpió definitivamente. Aún en sus miradas atrapadas por el miedo, en sus rostros temblorosos y casi desencajados, podía entenderse la condición de dos excelentes profesionales Fueron de los pocos que aguantaron estoicamente hasta el final. Mucha gente, con toda seguridad, se llegó a  sentir  orgullosa  de que optaran por reducir  con su presencia, si esto era posible, el terror que nos atenazaba a todos. 

A partir de entonces, todo sucedió demasiado deprisa y poco pudimos hacer salvo  correr en busca de un lugar seguro si es que existía algo de ello en alguna parte del mundo.

El cielo pareció arder. Tuvimos la impresión de que el sol había explotado tras las nubes que cubrían el cielo y que los rayos las mordían para penetrar por sus grietas. Era cuestión de tiempo de que nos alcanzaran y destruyeran…

Quizá como dijo alguien, la luna se había hecho añicos, o un cometa había perforado nuestra atmósfera. Tal vez una lluvia de meteoritos  se aproximaba velozmente hacia nosotros…Todas estas alternativas era viables, o en aquél momento nos lo parecían  pero la salvedad de que  el cielo estuviera  cubierto a lo largo y ancho del   mundo… no señalaba otra cosa que un inminente y devastador final. 

Nos pareció tan  extraña e irreal la masa roja que se había originado sobre nuestras cabezas, que  nuestra mente se cubrió de  la imaginación de uno de los maestros del terror,Stephen King, como si ese o cualquier otro psicópata que se divierte escribiendo horribles y terroríficas pesadillas, se  hubiera inventado algo de este tipo. Sin embargo, esto era real, real como la vida misma, como el calor que experimentábamos y que surgió de improvisto, bajando del cielo como un fuego arrollador.

 Y mientras tanto, permaneciendo  ajenas a todo lo demás, esas nubes blancas con forma de huevo flotaban en lo alto, como carcasas, semejantes a bombillas, a trozos de algodón que engordaban muy lentamente.

Y en algún momento, mientras el aire se volvía casi irrespirable, mientras el cielo parecía convertirse en una masa roja incandescente, como si estuviera ardiendo por completo, aquellas masas pálidas  se movieron.

 Y comenzó el horror. Llegó el final.

Las nubes blancas se desprendieron del cielo y en lugar de precipitarse sobre todos nosotros, aplastando ciudades  y todo lo que encontraran a su paso, flotaron durante unos instantes para demostrarnos que eran compactas. No se trataba de nubes de ningún tipo. Aquellos estúpidos meteorólogos estaban terriblemente equivocados. No sabían nada en concreto de este fenómeno y no podemos culparles de ello porque en realidad nadie podía prever nada de este tipo.

Obviamente tampoco eran huevos pero aquellas cosas sí tenían su forma. Ahora que flotaban en el aire, como una flotilla de naves extraterrestres que se disponía a invadir la Tierra y aniquilar a todos sus habitantes (creemos que alguien mencionó también algo de esto en algún momento) podían verse más claramente al desprenderse del cielo cada vez más agitado y rojo, como si allí arriba se estuviera desencadenando una guerra nuclear de terribles consecuencias. La estructura ovoide de esos artefactos y su aparente cuerpo  metálico no dejaba lugar a dudas: No eran nubes y obviamente  no tenían un origen humano.

Alguno quizá pensó que podía tratarse de un arma secreta que estaba probando algún gobierno que había perdido la razón más de lo habitual o que se había desencadenado una guerra mundial con la excusa de poner sobre la mesa el fruto de una tecnología hasta el momento desconocida. Sin embargo sabemos, por los datos que pudimos recoger de otros supervivientes, que el mundo estaba completamente aterrado y que todos los gobiernos sacaron sus ejércitos a la calle aunque, si somos del todo sinceros, no sirvió absolutamente de nada. No había forma humana de defenderse de todo aquello.

Corrimos despavoridos de un lado a otro buscando un refugio. Vimos a muchas personas que hasta ese momento habían permanecido a nuestro lado ocultándose en las alcantarillas, como ratas que intuyen el hundimiento del barco en el que hasta ese momento se encontraban y no se lo reprochamos. Ojala hayan tenido suerte y vivan para reencontrarnos. 

Esos objetos flotaban en el aire. Había decenas de ellos, cientos, miles, millones repartidos por todo el mundo. Podrían tener una altura de cuatro o cinco metros por tres de ancho. Blancos todos ellos, sin distintivos, con forma ovalada y permanecían estáticos, bajo el cielo rojo, atroz y abominable, que se agitaba como un bosque en llamas por encima de ellos.

Durante horas permanecieron quietas. Parecían estar observando todo a su alrededor y fuera lo que fuesen daba miedo sentirlos ahí arriba, como ojos acechantes e inteligentes.   Nos quedó claro que tenían una estructura metálica, que eran objetos, nada de formas gaseosas ni nada que pudiera considerarse como un fenómeno atmosférico porque, produciendo un ruido semejante al chirriar de una puerta con las bisagras oxidadas, todas aquellas formas ovaladas se fueron abriendo muy lentamente.

 Los misteriosos objetos flotantes se partieron en dos, como almejas que se abren, como huevos rotos antes de ser echados a una sartén.  Y su interior no estaba vacío. Ojala lo hubieran estado pero no disfrutamos de esa suerte.

En el mismo instante en que aquellas cosas se abrieron apareció una masa oscura y deforme que brillaba bajo un hermoso color verde esmeralda. Parecía gelatina, una sustancia semejante al blandiblu con el que jugábamos de niño. Su aspecto era aterrador pues no tenía forma definida, como la espesa yema de unos huevos podridos. 

Si ya hacía un calor extremo, ahora resultaba mucho más intenso. Poco después nos enteramos de lo que estaba sucediendo realmente. Los océanos, mares y ríos fueron succionados a una velocidad vertiginosa. Ingentes cantidades de agua se elevaron en el aire para  precipitarse  hacia arriba, colándose en el interior de aquellos artefactos, devoradas por las masas oscuras e informes de su interior, como babosas  bebiendo nuestra propia vida.

Llegó a ser terrible el espectáculo que dejaron atrás, cuando por fin las cosas aquellas se cerraron y se esfumaron, elevándose en el aire muy lentamente, produciendo un ruido estridente y ensordecedor. Ya cerradas volvían a parecer huevos pendidos del cielo rojizo y ardiente y comenzaron a desaparecer lentamente,  introduciéndose en la masa roja que ahora era el cielo hasta desaparecer por completo, como si las lágrimas de Dios se hubieran secado con un pañuelo invisible aunque más bien nos recordaban, en ese preciso momento, a cómo desaparecen los supositorios cuando son introducidos en el culito de un niño.

Pensamos que todo había acabado, que pese al temible e inquietante aspecto de un cielo que parecía cubierto de sangre, al marcharse aquellas cosas la calma regresaría. Fue desolador comprender que ahora estábamos más cerca del final.

Los que tuvimos oportunidad de verlo meses después simplemente lloramos. El corazón se nos encogió y casi perdimos el don del habla. No había agua en todo el planeta. Nada en absoluto. Los océanos eran inmensas masas de tierra seca y vacía, cubiertas por restos de la fauna marítima que habían muerto, pudriéndose por  completo. El hedor a pescado podrido perdurará a través de los años, garantizando el recuerdo atroz de lo que ha sucedido.

Podríamos haber vivido con esto pero no fue lo único que ocurrió. Poco después de que aquellas cosas desaparecieran, el cielo dejó de agitarse para partirse en mil pedazos. No sabríamos describirlo de otra manera  pero millones de pequeños fragmentos rojos incandescentes se precipitaron inexorablemente hacia la Tierra. El ruido fue ensordecedor, como si hubiera estallado una bomba sobre nuestras cabezas.

Aquellos trozos ardientes destruyeron ciudades enteras y arrasaron bosques de un plumazo, que quedaron convertidos en nada en cuestión de segundos. Perecieron millones de personas, aplastados por los edificios que quedaron derruidos, agonizando bajo los escombros, solicitando ayuda… hasta morir definitivamente.

El fuego consumió el planeta, llevando consigo todas las reservas de oxígeno de un aire que quedó completamente contaminado. Fue el fin de todo. Un final horroroso y terrible.

Nosotros sobrevivimos, no sabemos por qué, pero somos un pequeño grupo de personas que tenemos el consuelo de sentirnos cerca los unos de los otros, aunque quizá hubiera sido preferible haber fallecido porque no sabemos lo que nos encontraremos en el exterior cuando decidamos abandonar nuestro  refugio. Y eso será dentro de poco, porque se nos han agotado  las reservas y ya no sabemos qué hacer para mantenernos con vida.

Nos sentimos enfermos y ya no somos los mismos. Afuera se escuchan sonidos extraños. Hace semanas que no oímos gritos de auxilio pero los ruidos están ahí. Parecen máquinas trabajando y explorando. De algún modo sentimos que no son de este mundo y si detectan nuestra presencia estamos convencidos de que nos aniquilarán porque quizá seamos, para ellos, los únicos restos de la Humanidad.

Queremos pensar que si nosotros hemos sobrevivido es posible que lo hayan hecho otras personas y por esa razón estamos escribiendo esta historia, por si en alguna ocasión alguien puede leer estas líneas. Nuestro deseo es que sean guardadas, para que todos recuerden lo qué ha pasado aunque en realidad no podamos explicar absolutamente nada de lo ocurrido.

Nosotros pronto saldremos ahí fuera. No nos queda otra salida. Estamos tan débiles y contaminados por algo que ha caído desde los cielos que no soportaremos mucho más aquí y sabemos que tras abandonar el refugio solamente nos aguarda la muerte.

El objetivo de estas líneas también es  rendir homenaje a esos grandes profesionales que durante sus vidas informaron de numerosas tragedias. Todavía se habla entre nosotros  de las caras consternadas y tristes de Alfonso Egea y Susana Griso (vuelvo a mencionarlos porque para muchos son considerados héroes), que a diferencia de muchos otros permanecieron en antena mirando directamente hacia  la cámara. Fueron  emotivos aquellos primeros planos, con sus ojos anegados en lágrimas y el temblor de sus labios, el miedo en sus voces… y sin embargo estuvieron allí, acompañando a su audiencia hasta el momento en que todo terminó. Y ellos sabían que era el final y aún así decidieron hacer su trabajo, desapareciendo al pié del cañón. Estas hojas son   un sincero abrazo a todos los que optaron por permanecer en pie hasta el instante final.

Me comunican que  han decidido que mañana será el día en el que saldremos al exterior.  Los rugidos de las máquinas  se van alejando para inspeccionar   otras zonas, no demasiado distantes, la verdad, lo que no nos hace sentir muy seguros. Pero ya no tenemos nada que echarnos a la boca. Nos morimos de hambre y sed. Algunos de nosotros no podremos dar ni un solo paso y seremos un lastre para los más fuertes. Tendrán que abandonarnos. Hay niños entre nosotros, quizá ellos tengan más suerte, podrían tener una oportunidad, convertirse en nuestro futuro. Así lo esperamos. Tal vez todavía exista la opción  de que la Humanidad no se extinga por completo. 

Personalmente, y si te soy sincero,  no lo creo. Ahí fuera están ellos, no sé quiénes o qué son, pero han venido a por todos nosotros y siguen destruyendo el planeta con una furia demoníaca.. Ahora son ellos los dueños, nuestros dioses. No sé cuándo se irán o si lo harán definitivamente pero no podemos esperar ni un solo minuto más.

Tenemos que salir. Quizá, si tenemos suerte, en algún otro momento podamos retomar estas páginas para que juntos recordemos en qué se ha reducido nuestra existencia,   pero si ese hecho no se produce significará, sin lugar a dudas, que  ninguno de nosotros ha logrado sobrevivir. 

Y con toda probabilidad,   eso es lo que sucederá.

Escrito por José Manuel Durán


De hebrea a Santa

Por Ángel carretero Olmedo

Dentro de los misterios, estamos acostumbrados a nombrar situaciones que tienen que ver con el más allá, pero habitualmente no se habla de la persona en sí.Hay otros casos, como el tema que nos ocupa esta noche, en el que la vida y las experiencias vividas por la persona son tan importantes, que depende de ello el que se tome en consideración para convertirlo en santo o en santa.La iglesia católica en particular, en una etapa inicial se postula la causa, y la persona interesada es declarada “Sierva de Dios”, en la segunda “Venerable”; en la siguiente, y por demostrarse haber intervenido en la realización de un milagro, “Beato”. Por último, y cuando se demuestra su intersección en un segundo milagro “Santo o Santa”.Esta noche, como no podía ser menos, contamos con el testimonio de un investigador y gran amigo que ha intervenido en la ordenación de documentos que han dado forma a un proceso de canonización que se inició en el año 2001.Estos procesos suelen ser muy largos, y la complejidad que se genera hace que todo se mire con lupa antes de emitir un veredicto.Vamos a conocer la historia de una mujer de origen judío que comenzó su vida con grandes adversidades, pero que finalmente llegó a considerarse alguien muy especial. Y para hablarnos de este complejo mundo de transcripciones documentales, tenemos hoy al otro lado del teléfono al investigador Ángel Carretero Olmedo.Nos teletransportamos hasta Cádiz, donde se encuentra nuestro amigo, y desde allí viajaremos dos siglos atrás para conocer la historia de Simi Cohen LeviHace unos dos años cuando me propusieron intervenir en la ordenación de documentos de un proceso de canonización historio. Me lo tomé como cualquier otro trabajo. El proceso ya estaba iniciado desde el año 2001 y por distintas causas llevaba años paralizado. Se trataba de recopilar toda la documentación necesaria, transcribir documentos, darle forma, etc.La interesada nació hace dos siglos y lo primero que se debía realizar era reconstruir su vida desde el momento de su nacimiento, su estancia en el convento, la devoción de los fieles en vida y después de ella y si había intervenido en la realización de algún milagro, condición indispensable para tomar en consideración la santidad.Nunca me imaginé que lo que comenzó siendo un trabajo se convirtiera en interés, primero por conocer más, después por su devoción y por último por su canonización.Como hay que comenzar por el principio, santo es la denominación que utiliza el Nuevo Testamento (Col. 1,2) para referirse a los miembros de la comunidad cristiana, pero restringido en el uso eclesiástico, desde la antigüedad, para designar a aquellos que han sido virtuosos hasta un grado heroico. Los santos, por lo que a la Iglesia
Católica respecta, están jerarquizados en varias categorías: apóstoles y evangelistas, mártires, confesores (originariamente aquellos que han sufrido prisión o dolor sin la coronación final del martirio y, tiempo después, santos masculinos, cuyas virtudes eran sobresalientes), doctores (santos destinados al aprendizaje sagrado), vírgenes, matronas y viudas.Hacia el siglo IV de nuestra era, se difundió con intensidad la práctica de venerar a los santos. Durante la Edad Media, dicha práctica estuvo rodeada de gran superstición, incluso antes de la reforma. El Concilio de Trento (1545-1563) afirmó que invocar a los santos es algo útil por los beneficios que se pueden obtener de Dios a través de su intercesión. La creencia y la práctica de la Iglesia Ortodoxa es la misma en sustancia que la católica.La Iglesia Católica en ambos ritos (el Oriental y el Occidental) declara como santo a una persona fallecida. El proceso comprende la inclusión de esa persona en el “canon” o lista de santos reconocidos. San Dimas (El Buen Ladrón) es el primer santo y el único canonizado en vida por el propio Jesucristo.En la etapa inicial se postula la causa y la persona interesada es declarada “Sierva de Dios”, en la segunda “Venerable”; en la siguiente, y por demostrarse haber intervenido en la realización de un milagro, “Beato”. Por último, y cuando se demuestra su intersección en un segundo milagro “Santo o Santa”.Hablo de una mujer gibraltareña y andaluza o andaluza y gibraltareña, descendiente directa de los judíos sefardíes expulsados siglos antes de España. De hacerla Santa sería la primera judía gibraltareña en alcanzar los altares. Se trata de María de los Dolores del Amor de Dios para los cristianos y de Simi Cohen Levi para los judíos.Su madre, Esther Levi, descendiente de la Tribu de Levi (Génesis 29-34) nace en el último cuarto del siglo XVIII en Londres; y, como quiera que por aquellos años Mallorca era inglesa, se traslada a esa isla y acaba viviendo y casada con Jacob Cohen en Gibraltar. Ambos conyugues se dedicaban a los negocios y a la enseñanza de la religión judía, regenentando la sinagoga existente en el peñón.Simi nace el 4 de abril de 1801. Su madre murió poco después de nacer ella como consecuencia del parto, pero antes de morir rezó al Dios de sus padres y le pide que Simi creciera y se convirtiera en una mujer buena. Su padre, Jacob, empleó a una sirvienta española para que la cuidara.Esta señora crió a la niña como mejor pudo, y siempre solía decir sus oraciones junto
a ella. Uno de los pañuelos bordados de esta sirvienta tenía el corazón de María con siete puñales.El pañuelo fue objeto de gran interés para la joven Simi. Solía preguntarle a la criada que significaba el bordado, pero esta al principio fue reacia a contestarle. Al final, esta señora española le explicó a Simi los siete dolores de la Virgen María…Algunas veces la joven niña acompañaba a la sirvienta a sus visitas a la Catedral de Santa María la Coronada. En la Catedral había (y todavía hay) una imagen de Nuestra Señora de Europa, y durante una de estas visitas Simi pareció entrar en un trance y le prometió a Nuestra Señora dedicarse completamente a Dios y a la oración. Aprende en secreto español y a rezarle al Dios de los cristianos. Cuando su padre se entera, que tal como antes he indicado se dedicaba a enseñar la religión judía en la sinagoga, despide a la sirvienta y castiga a la niña; la encierra y la obliga a comer en un cuenco en el suelo. Su padre vuelve a contraer matrimonio y fruto de esta unión nace un niño, muriendo también su madre poco después a consecuencia de complicaciones del parto. Simi, que ya era una mocita, se dedica a cuidar a su hermano y la casa, mientras el padre se ocupaba de sus negocios y de la sinagoga.La práctica de la religión católica en el viejo Calpe fenicio ha sido muy peculiar. Desde su reconquista y hasta 1816, la parroquia de Gibraltar perteneció canónicamente a Cádiz, diócesis erigida en 1241. Pero es preciso distinguir diversas etapas, ligadas a las vicisitudes políticas impuestas por la toma del enclave por los ingleses en 1704.En virtud del Tratado de Utrech de 1713, los gobernadores estaban obligados a permitir el libre uso de su religión a los católicos, cosa extraordinaria ya que hasta mediados del siglo XIX estuvieron proscritos en Inglaterra. “Promete Su Majestad la Reina de Gran Bretaña que a los habitadores de la dicha ciudad de Gibraltar se les concederá el uso libre de la religión católica romana”, hacía constar el tratado.Para proveer la colonia de clérigos sin sospechas antibritanicas, los traían de Menorca, posesión inglesa en aquellos años. El legítimo ejercicio de su ministerio obligaba a estos sacerdotes a pedir licencias al Obispo de Cádiz, que siempre las concedió.En 1772 la Santa Sede encontró la fórmula de resolver esta precaria situación: Roma nombraría al párroco, otorgándole carácter de Vicario General Apostólico, con todas las facultades precisas. Así se satisfacía a los católicos de Gibraltar y a los gobernadores británicos, a la vez que la parroquia seguía perteneciendo a la diócesis de Cádiz.En 1816 la Santa Sede cortó definitivamente el lazo canónico de Gibraltar con Cádiz, mediante la creación de una Vicaría Apostólica dependiente de Propaganda Fide. A partir del segundo nombramiento, los vicarios fueron además consagrados obispos. En 1910 llegó la elevación al rango de diócesis, vinculada a la misma Congregación romana, como sigue hasta hoy.En aquellos años nos encontrábamos con un trozo de roca donde convivían, no sin problemas, la religión anglicana, la católica y judía entre otras; siendo estas tres las principales.Volviendo a Simi, con 16 años decide huir de Gibraltar. Un día muy temprano se despide de su hermano menor con un beso y cruza la frontera tranquilamente andando diciéndoles a los guardias que se dirigía a La Línea.Es el momento del comienzo de sus problemas y calvario durante unos meses; hasta que acaba, pasando primero por el Convento de San Cristóbal, en el Convento de Jesús, María y José perteneciente a la Orden de las Agustinas Recoletas de Medina Sidonia (Cádiz).No es mi intención efectuar un relato de la vida de esta monja, lo hace de forma más o menos novelada el Padre Martín Bueno Lozano en su obra “Simi Cohen, gibraltareña, judía y monja” (Edición del autor e impreso en Sabadell años 1989, 1992 y 2002).A la llegada de la mocita a La Línea cuenta a todo el mundo que quiere ser cristiana y dedicar su vida a la oración. Nadie la hace caso hasta que cae, por llamarlo de alguna forma, en manos de la per

sona apropiada. La lleva al Palacio del Gobernador de la ciudad al objeto de que jure bandera.Mientras tanto, su padre al enterarse monta toda una operación de rescate. Como hay ingleses de por medio, me atrevo a afirmar que esa operación fue digna de 007; y, muy bien podemos denominarla como “007 al servicio de Su Majestad: misión en el siglo XIX”.El caso es que la noticia corre como la pólvora y quizás por causas que nunca llegaremos a saber o a comprender comienza una devoción hacia Simi, primero en vida y después de su muerte. Mucho más en Gibraltar que en la localidad y convento que la acoge.Un escribano, Notario de la Vicaria de La Línea, entrega la niña al cuidado de un pobre arriero y su esposa hasta que recibe la orden del Obispo de Cádiz de trasladarla a Medina Sidonia; cosa que realiza el arriero en compañía de un joven mozo muy apuesto.Muchos años después, siendo Madre Amor de Dios tornera, uno de los oficios del convento, atendía a las niñas que acudían a pedir limosna, y les señalaba el día y hora para venir al locutorio y darles lecciones de catecismo, a sus padres le hacía venir, les hablaba de Dios, los animaba y enseñaba como debían portarse en las miserias y penas de la vida, y como las cruces y trabajos bien llevados serían de mucha gloria a sus almas.Esas personas y cuantas se acercaban a contarle sus penas salían del convento diciendo por el pueblo: “Madre Amor de Dios es una santa, solo con su comunicación tenemos fortaleza y ánimos para vivir mejor”.Una de esas niñas, Inesita, la dijo a Simi que quería ser monja y esta mando llamar a Carmen Barrios (madre de Inesita) para hablar de la devoción de la niña. La niña acabó siendo novicia de Simi para después monja y compañera de convento.Años después, siendo Madre Amor de Dios ya muy mayor, una señora principal de Medina Sidonia Doña Josefa Begoña de Hervan está muy interesada en conocer la vida de Simi. Como está muy mayor para escribir, con fecha 16 de mayo de 1875 dicta a esa niña que con 13 años entró en el convento (Inesita) una extensa carta. La monja la copia y añade entre comillas sus comentarios y vivencias juntas en el convento.Gracias a la copia que se conserva nos enteramos que en realidad fue trasladada a Medina Sidonia solo por el pobre arriero; y que el apuesto joven que les acompañaba era en realidad el Arcángel San Rafael que fue encargado por Dios de su seguridad durante el viaje. Simi falleció a finales de enero de 1887.En la Andalucía profunda y misteriosa se dice que hay personas que nacen estrelladas y otras que lo hacen con estrella. Simi, a pesar de haber nacido en el seno de una familia rica y respetada, nació estrellada. Su padre era muy estricto en cuanto a los temas religiosos y su hija debía a toda costa ser educada en la religión judía.Cuando huye de Gibraltar Jacob dedica todo tu tiempo y dinero a recuperar a su hija, manda primero a La Línea a sus emisarios, después intenta montar más o menos una operación de rescate, etc.En toda esta historia hay una serie de cosas que siempre me han llamado la atención. Primero como entra a conocer la religión católica, después la forma tan rocambolesca como huye de Gibraltar, el revuelo que se forma, el interés de todo el mundo en conocer a la monja durante años, etc.Por último, nunca he entendido los inconvenientes puestos por el Obispado de Cádiz en que viera la luz el libro del Padre Martín Bueno Lozano, no por dar a conocer la vida de esta monja sino por hablar del indominio ingles.Actualmente el peñón es la única colonia existente en Europa. Se trata simplemente de un trozo de roca con un gran interés estratégico por poderse dominar desde ella el estrecho y por tanto la entrada al Mediterráneo. Es base de la flota nuclear submarina británica y constante foco de conflictos pesqueros entre las autoridades gibraltareñas y los pescadores españoles, a pesar de carecer de aguas jurisdiccionales propias. Durante décadas la frontera terrestre permaneció cerrada y solo se abría en contadas ocasiones y por causas humanitarias.Ni británicos ni españoles se toman en serio las negociaciones que se están llevando a cabo desde hace décadas. . Quizás lo hagan en el mo
mento que nuera algún pescador en alguno de esos enfrentamientos o se produzca un accidente nuclear; cosa que quizás pudo estar a punto de producirse cuando entró en su puerto ese submarino averiado. Por algo los ingleses no lo quieren en sus puertos.El tratado firmado en 1713 fue fruto de oscuras conspiraciones, intereses políticos y sobornos a veces no económicos al más alto nivel. Nunca existió un plan premeditado por parte de los ingleses para su conquista. Mandaban expediciones que atacaban Cádiz, La línea y Algeciras; hasta que un día en una de esas expediciones atacaron Gibraltar y se quedaron allí. ¿Cuándo llegará el día en que lo abandonen?Volviendo al tema de Simi, existe lo que se denomina “Complejo de Dios”: una persona es muy buena, la mejor, en su trabajo. Pero, cuando la sacan de este no es nada. Se vuelve agresiva y conflictiva. ¿Estaríamos hoy hablando de ella de no haber entrado en un convento católico? Personalmente pienso que no, sería como cualquier otra persona que en lugar de nacer con estrella nace estrellada.A finales del mes de agosto del 2011 se presentó en el Obispado de Cádiz la documentación donde se reconstruía su vida y la devoción por ella, al objeto de su traslado a Roma para la unión a su causa. Por otro lado, ya se encuentra en estudio la documentación con la que se pretende demostrar su intervención en un milagro.Cuando se admita todo ello será declarada “Beata”. En ese instante su causa volverá a quedar paralizada, hasta que se vuelva a demostrar su participación en otro milagro, que la declarará “Santa”. En ese instante finalizará el proceso de canonización. Hasta ese momento puede que transcurran años o quizás siglos.Mientras tanto los andaluces y gibraltareños o los gibraltareños y andaluces debemos de estar orgullosos de tener una compatriota con un proceso de canonización en marcha.

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22/01/2016

El programa Tu otra sombra de esta semana os trae el siguiente contenido:
* Relato de Terror: "La niña del pasado", escrito por José Manuel Durán. Os narro esta tenebrosa historia.
* Cuaderno de Investigación: Casos extraños contados y vividos por vosotros.
* Un proceso de canonización. El investigador gaditano Ángel Carretero Olmedo ha colaborado en la documentación necesaria para elaborar un proceso de canonización. Nos cuenta cuáles son los pasos a seguir en este proceso..
* Cuando miro a las estrellas... Mi reflexión sobre:  "De película va la cosa"

Podéis descargarlo en Ivoox, o escuchar todos los programas en la Sección Tu otra sombra



De película va la cosa


No hace mucho colgué en las redes sociales mi decisión de apartarme del misterio de forma pública. Y como veis, aquí estoy de nuevo. La decisión no fue tomada a la ligera, ni mi intención era dejar todo este mundillo.
Hoy vivimos bajo unas condiciones que nos aprietan en muchos aspectos, y sobre todo el económico y laboral. Y como la necesidad obliga, el tener que ir a trabajar a otro lugar me ha tenido apartado de los amigos, de la radio y de otras muchas aficiones.
Pero como muchas veces he dicho aquí, el mundo es redondo, y hoy estamos en un sitio y mañana podemos estar en otro bien distinto.
Este año os puedo garantizar que no voy a parar, y muy probablemente pueda darse el caso de que me ausente. Espero que no llegue a ese extremo.
He comenzado diciendo que me apartaba de la vida más pública, y así seguirá durante algunos meses, ya no por razones laborales, sino por la incapacidad de dar salida a la enorme cantidad de correos e investigaciones que me proponéis. Me he tenido que dar de baja de muchos grupos, he tenido que dejar a un lado muchas cosas que aún están pendientes. Y me quiero centrar en parte de lo que ya tengo, porque llevar entre manos demasiados casos termina por ocupar demasiado tiempo y no se concluye ninguno.
El misterio es parte de mi vida. Y aunque sois muchos los que me animáis a continuar, también hay otros que incomprensiblemente se alegran de mi partida. Eso es algo que nunca entenderé, pero existe.
Hoy no voy a ser yo quien haga la reflexión, porque me gustaría poneros partes de dos películas muy conocidas: Star Wars, y Matrix. Creo que son muy concluyentes y de gran utilidad para los que andan algo perdidos. Y también, porque dice mucho de mi camino en la vida. Espero que lo toméis en consideración, y os sirva para tomar ese camino del guerrero:


Star Wars

―Ya nunca podremos sacarla.
―¿Tanta certeza tienes?. Nunca se puede lo que nunca dices. Lo que te digo no escuchas. 
―Maestro, mover rocas es una cosa. Esto es totalmente diferente.
―No. Diferente no. Tan sólo en tu mente lo es. Debes desaprender lo que has aprendido. 
―Está bien. Lo intentaré.
―No. No intentos. Hazlo, o déjalo. No hay intentos. 
―Es grande. No puedo.
―No importa el tamaño. Mírame. ¿Por mi pequeña estatura me juzgas? Pues hacerlo no deberías, porque mi aliada es la Fuerza, y una poderosa aliada es. De la vida es la creadora. Crecerla hace. Su energía nos rodea a todos. Y nos une. Luminosos seres somos, no esta cruda materia. Debes sentir la Fuerza a tu alrededor. Aquí, entre tú y yo, el árbol, la roca; en todas partes. Sí, y también entre la tierra y la nave. 

Matrix


―Te explicaré por qué estás aquí. Estás porque sabes algo, aunque lo que sabes no lo puedes explicar; pero lo percibes. Ha sido así durante toda tu vida. Algo no funciona en el mundo. No sabes lo que es, pero ahí está como una astilla clavada en tu mente, y te está enloqueciendo. Esa sensación te ha traído hasta mí. ¿Sabes de lo que te estoy hablando?
―¿De Matrix?
―¿Te gustaría realmente saber lo que es? Matrix nos rodea. Está por todas partes, incluso ahora en esta misma habitación. Puedes verla si miras por la ventana, o al encender la televisión. Puedes sentirla cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad. 
―¿Qué verdad?
―Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni saborear, ni oler ni tocar. Una prisión para tu mente. Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix. Has de verla con tus propios ojos. 
Esta es tu última oportunidad. Después ya no podrás echarte atrás. Si tomas la pastilla azul: fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si te tomas la roja: te quedarás en el país de las maravillas. Yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la Verdad y nada más.
Una reflexión de Fernando García

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La niña del pasado

Apenas había podido pegar ojo. Las sirenas de la policía y las ambulancias estuvieron  sonando durante toda la noche. Algo trágico estaba ocurriendo en la ciudad pero ella no había tenido el valor necesario para asomarse por la ventana y echar un vistazo. No quería subir la persiana para  que pensaran que allí no vivía  nadie.

Había dado vueltas en la cama, preocupada, enterrando la cabeza bajo la almohada y sin embargo los gritos llegaban hasta ella constantemente, cargados de angustia y terror. Procedían de la calle, del otro lado de la ventana. Sonaban cercanos.  Seguramente había un tumulto en las proximidades. Se oían bramidos ensordecedores, alaridos siniestros, descomunales y algunos disparos, que se repetían ejecutando una melodía inquietante.  Irene estaba terriblemente asustada.

Permanecía sentada sobre la cama, con la luz apagada, temerosa de que la persiana tuviera alguna de sus rendijas mal cerrada y pudiera detectarse la luz a través de ella, delatando su presencia.  Tenía las rodillas dobladas y se las agarraba con los brazos mientras permitía que su cuerpo se meciera hacia delante y atrás. A veces, cuando los ruidos del exterior se producían demasiado cerca y resultaban tremendamente pavorosos, se cubría las orejas con las manos tratando de acallarlos pero los sonidos no desaparecían,   llegaban  hasta ella, torturándola.

No hubo ni un solo segundo de calma. Voces elevadas que pedían auxilio; el continuo chirriar de los frenos de varios coches la obligó a imaginarse   a sus ocupantes, aterrados y nerviosos, que probablemente trataban de huir; choques entre automóviles; el agudo y estridente sonido de las bocinas; las impertinentes sirenas; disparos que se sucedían con escasos intervalos de tiempo. Tal vez en la calle se estaba celebrando una batalla atroz en la que Irene no quería participar. Lo habían dicho en las noticias: “No salgan a la calle. Permanezcan en sus casas”

Nadie había explicado qué estaba sucediendo pero de cualquier modo no era nada nuevo. Las calles siempre estaban infectadas de delincuentes. Irene se había acostumbrado a las peleas entre bandas callejeras y a las violentas intervenciones de la policía. No era un barrio tranquilo. Pero hoy todo era distinto. Y estaba asustada.

Apenas habían dado información en la Televisión. Simplemente unas pequeñas y enigmáticas  recomendaciones. Y aunque había tenido un deseo extremo de echar un vistazo hacia el exterior no se vio con el coraje necesario para hacerlo. Pensó en llamar a algunas de sus amistades por teléfono pero en la televisión también habían sido demasiado estrictos a este respecto: “No hagan el más leve ruido. No dejen entrar a nadie. No hablen por sus móviles. Pronto la situación estará controlada pero hasta entonces, y por el bien de todos, hagan como que no existen”.

Irene se había asustado. No habían sido unas palabras demasiado tranquilizadoras.  Al principio le pareció una exageración, después, con la intensidad de los ruidos que se escuchaban desde la calle, comprendió que algo terrible, espantoso, estaba sucediendo. Resultaba perturbador  escuchar los terribles gritos que sonaban en la lejanía, cada vez más cercanos. Los bramidos horrendos, semejantes a gruñidos, que iban y venían de un extremo a otro, como si un ejército de bestias infernales hubiera abandonado el infierno para caminar impunemente sobre la faz de la Tierra.  Las peticiones de auxilio de voces quebradas por el terror, los disparos que no cesaban, el ruido de los coches huyendo del lugar…

Había hecho caso a lo que se dijo en los informativos  y aunque estaba completamente aterrada, hizo acopio del poco valor que le quedaba y dejó el teléfono sobre la mesita de noche. Estuvo tentada de salir a la escalera y llamar a la puerta de uno de sus vecinos.  Tal vez necesitaba compañía. Detestaba estar sola en una situación de estas características, se sentía indefensa,  pero sus piernas temblaban y no habría podido dar ni dos pasos. Además, no quería abandonar su pequeña habitación, un lugar pequeño pero en el que se sentía segura…

…hasta que escuchó el ruido de cristales rotos.

Irene puso su cuerpo en tensión. Un ramalazo de sudor frío arañó  su nuca y comenzó a bajar muy lentamente  por el centro de su espalda. Había sonado demasiado cerca. Quizá en el portal. Ella vivía en un segundo piso pero el sonido había sido tan claro y cercano que estaba convencida de que alguien o algo había roto la cristalera de la puerta del portal…

…escuchó otro sonido, como si algo empujara con violencia esa puerta y se hubiera desencajando, produciendo un ruido escalofriante que la hizo saltar sobre la cama.

Irene, con una de las manos tapando su boca (tenía tantas ganas de gritar que le parecía que en cualquier momento pudiera empezar a lanzar alaridos de terror, como los que sin pausa escuchaba procedentes de la calle) se acercó hasta la puerta de su habitación. Y la abrió. Todo estaba sumido en la oscuridad. El pasillo que daba al salón mantenía las puertas de las otras habitaciones cerradas. Estaban vacías. Irene vivía sola. Caminó por el estrecho pasillo prácticamente de puntillas, con los brazos estirados y tocando con sus manos las paredes. No quería hacer el más mínimo ruido que pudiera delatar su presencia.  Oyó el crujir del suelo de madera bajo el peso de sus pies y sorteó el espejo que había colgado en una de las paredes. Al rozarlo con la yema de los dedos apartó la mano para no caerlo y siguió caminando, muy lentamente. Cruzó el salón y se acercó a la puerta principal. Se detuvo antes de llegar. Algo sucedía en el portal…

…muchos ruidos llegaban desde abajo. Parecía un grupo  de gente irrumpiendo violentamente en el portal y se los imaginó avanzando por las escaleras porque sus voces, altas y groseras, cada vez eran más claras y estaban más próximas...

…tan claras que Irene se sobresaltó al descubrir que lo que creía que eran voces no eran más que gruñidos de animales.

…tan próximas que tuvo la impresión, la seguridad, de que alguien se encontraba al otro lado de la puerta.

Se apartó de la entrada  cuando algo golpeó en ella. Irene no pudo evitar lanzar un pequeño chillido que debió ser escuchado por lo que fuera que estaba al otro lado porque los golpes en la puerta volvieron a producirse. No eran violentos pero resultaban estremecedores.

Irene escuchó varias sacudidas más. No solamente estaban golpeando su puerta sino también la de sus vecinos. Incluso oyó una puerta abrirse y después un grito horripilante que le heló la sangre de las venas. Retrocedió más aún y advirtió un hedor nauseabundo, semejante al que desprende el pescado podrido. Cada vez olía más y parecía proceder de la escalera, como si el origen del hedor fuese las personas, o cosas, que habían entrado en el portal.

Le hubiera gustado echar un vistazo por la mirilla, descubrir qué había al otro lado, saber quiénes habían entrado. No lo hizo. Estaba asustada, aterrorizada.

Se produjo un nuevo golpe. Esta vez mucho más fuerte. Violento.

Irene volvió a lanzar un pequeño grito y corrió despavorida hacia su habitación. Se encerró en ella, lo que no impidió que el olor a pescado podrido se colara a través de la rendija de la puerta y contaminara todo el interior.

Fuera, en la calle, continuaba el caos. Las sirenas de la policía y las ambulancias habían dejado de sonar hacía ya mucho tiempo pero aún se oían el chirrido de los automóviles, que rugían asustados, huyendo de algo terrible. Junto a ellos, ya no se escuchaban disparos ni nada que se le pareciera pero sí sonidos de pelea, gritos y jadeos, peticiones de auxilio, golpes terribles, alaridos terroríficos, voces elevadas que no hacían otra cosa que mostrar sus miedos. Irene estuvo a punto de subir la persiana. Ya no tenía sentido mantenerse oculta si ellos, fuera quienes fueran,  sabían que estaba allí dentro. 

Porque habían entrado en el portal. 

Habían subido las escaleras. 

Habían golpeado su puerta. 

Y seguían haciéndolo, hasta que un sonido nuevo llegó hasta ella.

Irene contuvo sus temblores y atenazó su propio miedo con el recelo que desprendía  la propia curiosidad que sentía.  Salió de la habitación con las manos cubriendo su nariz. El olor era prácticamente insoportable. Sentía un pánico atroz pero necesitaba cerciorarse de que lo que había creído escuchar se había producido realmente… aunque parecía una completa locura. 

Entonces lo escuchó de nuevo. Irene abrió los ojos, asombrada. No estaba equivocada. Y volvió a sonar una tercera vez. Se trataba de una voz, la voz de una niña. 

-Ábreme la puerta, por favor.

Desconcertada y con el corazón galopando como un pura sangre dentro de su pecho, permaneció petrificada en mitad del salón, frente a la puerta principal. Volvió a escuchar golpes en la puerta y se imaginó que la diminuta mano de una niña golpeaba la puerta con sus nudillos. Quería entrar.

Podían oírse muchos ruidos al otro lado. Respiraciones profundas, lamentos eternos, pisadas, golpes en las puertas, gritos aterrorizados, sonidos de pelea, alaridos descomunales, cosas que caían al suelo y eran arrastradas… Irene no estaba dispuesta a abrir la puerta aunque pensara que una niña pudiera estar  en peligro porque significaba invitar al horror a  entrar en su propio hogar. Y no estaba dispuesta a facilitarle las cosas.  Todo cambió radicalmente cuando la voz de la niña se escuchó de nuevo, alta y clara,  y sus palabras hundieron por completo la voluntad de  Irene.

-Mami, por favor, ábreme la puerta antes de que sea demasiado tarde. Solo quiero ayudarte, de verdad, Mami.

Irene se sintió turbada y dejó caer su cuerpo al suelo. Arrodillada, contempló la puerta con los ojos tan abiertos que impresionaba verlos de esa manera. La voz de la niña siguió hablando desde el  otro lado.

-Mami, ¿Por qué no me abres? Soy Mónica, ¿No me recuerdas?

De los ojos de Irene comenzaron a brotar abundantes lágrimas y sus brazos cayeron al suelo, presa de la incertidumbre y la tristeza. ¿Mónica?  “No. No, por favor, más dolor no”

-¿Mami? Sólo quiero ayudarte antes de que sea tarde.

-¿Mónica?.-preguntó Irene apenas sin aliento. Ella sabía que no podía ser cierto. Mónica no podía estar al otro lado de la puerta. Era algo imposible y trató de desechar la imagen de su mente. Pero la voz de la niña persistía.

-Ábreme, mami, por favor.

La voz infantil que escuchaba Irene con una claridad pasmosa había utilizado un tono mucho más apagado y triste, lejano,  e Irene trató de serenarse, sacudiendo su cabeza una y otra vez. “No puede ser cierto. Es imposible”.

-Mamí… ¿No te acuerdas de mí?

¡Claro que se acordaba! Irene nunca la había podido olvidar. Rompió a llorar.

-¿No me quieres, mamí?.-preguntó la niña y después Irene la escuchó  gimotear.

¡Claro que la quería! ¡La amaba! Nunca había dejado de hacerlo, en ningún momento pese a que su querida niña, a la que le habría puesto el nombre de Mónica, no había llegado a nacer. 

-¿Mami?

Irene temblaba en el suelo del salón mientras el horror seguía desatándose en el exterior. No podía dar crédito a lo que estaba sucediendo. Debían ser imaginaciones suyas, quizá causadas por el miedo, tal vez a consecuencia del nefasto olor que había contaminado todo a su alrededor.

-¿Mami? Por favor, tenemos que salir de aquí antes de que sea  tarde.

Irene se levantó. Las piernas le temblaban, el corazón le golpeaba el pecho como puñetazos en la cara de un boxeador a punto de perder el combate; un nudo le ataba el estómago mientras sus recuerdos viajaban al pasado cuando durante seis meses llevó en su vientre a la que iba a ser su primera hija. Estaba tan ilusionada, tan feliz, que había hecho muchos planes, incluso ya tenía habilitada una habitación para Mónica, pues así se iba a llamar. Se la imaginaba entre sus brazos, dándole el pecho, observándola en la cuna mientras dormía, paseando por el parque. Y entonces el embarazo se complicó y perdió el bebé. Fue un duro golpe del que nunca llegó a recuperarse. Irene perdió la ilusión de volver a tener hijos y su carácter cambió por completo. Nunca lo superó porque sencillamente jamás lo quiso superar. Mónica era su hija y la mala suerte  impidió que naciera. Habían pasado cinco años pero ella siempre la tuvo  presente, a cada momento.

-¿Mami?, ya no hay tiempo…

-¿Mónica?.-preguntó Irene sabiendo que todo aquello era una completa locura.

-Abre, por favor…

Irene lo hizo. Estaba terriblemente asustada pero no pudo evitar acercarse a la puerta y abrirla. Tras ella descubrió un grupo de  niños pequeños,  encabezado por una niña.

Irene retrocedió lanzando un grito de horror. Los niños, de no más de cinco años, la observaron con ojos de negras pupilas. La niña que estaba delante de ellos, le lanzó una sonrisa.

-Hola Mamí.

Irene retrocedió a medida que la niña avanzaba y entraba en el piso. Tenía la piel grisácea, del color de la ceniza, al igual que el resto de los niños. El pelo largo y negro, como el de ella, completamente húmedo y pegado a la cabeza. Llevaba un camisón blanco manchado de sangre. Los brazos delgados, frágiles y desnudos de la niña estaban sucios, al igual que sus manos donde sus pequeños dedos parecían estar cubiertos de tierra. Pero quizá lo más horripilante era su rostro. Estaba deformado, como si su carne hubiera sido mordisqueada por alimañas hambrientas y sus ojos despedían una mirada terrible. Le faltaba un trozo del labio superior  y podía verse una hilera de dientes negros y podridos entre los que se movía algo pequeño y escurridizo.

Irene quiso gritar pero su voz se quebró en el intento. 

Irene quiso huir pero la propia pared del salón se lo impidió.

 Vio el avance de la niña que mostraba una horrible mueca en su  boca que nunca se convertiría en una sonrisa. Tras la pequeña, el grupo de niños avanzó. Todos ellos tenían un aspecto demacrado.

Irene no podía moverse a causa de la impresión. Estaba petrificada por el horror. No podía apartar la mirada del grupo de niños, especialmente de la niña, en la que descubrió un gran parecido con ella. Mientras tanto, volvían a escucharse  disparos en el exterior, sonidos de peleas, coches que iban y venían, alaridos desgarradores…

-No tengas miedo, mami. Te llevaremos a un lugar seguro donde no te pasará nada y podremos estar juntas.

La niña le agarró de la mano e Irene estuvo a punto de apartarla a causa de la impresión. Era como si le lanzaran un hielo por la espalda. La mano de la niña estaba tan fría como la nieve. Tiró de ella e Irene se dejó llevar.

Los niños se dieron la vuelta y salieron del piso.  Comenzaron a caminar por las escaleras, bajaron a la planta baja y llegaron hasta el portal. Irene avanzaba muy  despacio, al ritmo que le marcaba la niña.

-Mami, ahora vamos a salir a la calle. Tienes que cerrar los ojos, por favor, si los abres no podrás venir con nosotros y entonces no estarás a salvo, ¿Lo entiendes?

Irene movió la cabeza afirmativamente y sintió pavor ante lo que podía encontrar ahí fuera.

La puerta del portal se abrió.

-Cierra los ojos, Mami.

Irene lo hizo. Apretó sus ojos fuertemente mientras a ciegas caminaba, guiada por la niña. A pesar del horrible aspecto de la pequeña  y  del contacto glacial de su mano, Irene se encontraba tranquila, cada vez más, y se convenció de la existencia de  un vínculo entre la niña y ella. Sonrió, a pesar de que mientras caminaba notaba agitación  a su alrededor, sonidos de peleas, rugidos de animales, personas que gritaban  y corrían en todas direcciones o caían al suelo,  escuchaba rotura de huesos, mordiscos, disparos, accidentes… incluso oyó explosiones y el crepitar de fuegos cercanos.

Irene no abrió los ojos. No supo en ningún momento lo que estaba pasando en la calle, no solamente en su ciudad sino en el resto del mundo. Algo parecido al Apocalipsis había llegado y ella estaba siendo conducida hacia algún lugar seguro, de la mano de una niña que decía ser su hija Mónica, una hija que había perdido antes de nacer. 

Por primera vez en mucho tiempo Irene sonreía y la expresión en su rostro mientras caminaba agarrada de la mano de su hija era de una completa y profunda felicidad.

Si ella pudiera echar un vistazo desde una perspectiva determinada, podría ver que entre el caos de miles de ciudades envueltas en llamas, repartidas a lo largo y ancho del planeta, donde la muerte se había levantado para devorar a los vivos, numerosas y largas hileras  formadas por niños no nacidos caminaban con extrema lentitud llevando de la mano a sus padres, tirando de ellos, sorteando el caos desatado en las calles, conduciéndoles a un lugar seguro donde, por primera vez, podrían estar juntos.

Escrito por José Manuel Durán